
Adeje se suma a la visibilización del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo
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Las personas usuarias del Centro de Atención a la Diversidad Funcional Los Olivos realizaron un emotivo reconocimiento en torno a este día
Durante la mañana de este martes, 2 de abril, las personas usuarias del Centro de Atención a la Diversidad Funcional Los Olivos (C.A.D) y el grupo de profesionales que trabajan en dicho centro llevaron a cabo un emotivo acto de reconocimiento y visibilización en el marco del “Día Mundial de Concienciación sobre Autismo” que se basó en la lectura de dos poesías escritas por uno de los trabajadores de dicho centro y que pone de manifiesto diversas realidades que afrontan las personas autistas y sus familias.
El reconocimiento del C.A.D Los Olivos supone una de las formas de apoyo o gesto a favor de un futuro más inclusivo donde se respete y valore la diversidad y los compromisos que se deben adquirir para cambiar las estructuras sociales actuales.
Bajo el hashtag #diamundialautismo se están recogiendo todas aquellas acciones, gestos y apoyos que en torno a la concienciación sobre el autismo se refiere.
Deambulo
Aquí estoy.
No sé qué viento me trajo,
ni cómo se llaman las cosas.
Deambulo, deambulo, deambulo,
sin buscar nada.
No sé si tengo cuerpo, no conozco ni mi cara.
Deambulo.
No me entiendes, no te entiendo,
pero si miras, me produce calma.
Te veo desesperar, me ofreces algo para jugar.
No lo quiero.
Deambulo, deambulo.
Solo quiero deambular y tocar esa marca en la pared
y observar cómo mis dedos golpean el color naranja.
Bailo sobre las puntas, escapo de tu mundo y,
en un caleidoscopio, me multiplico.
Me dejo llevar por el aire viejo,
vuelvo a lo mismo.
Y deambulo, deambulo.
No te miro.
No me busques con los ojos,
pero te veo,
acompañándome,
construyéndome,
construyéndote.
Deambulo, me muevo.
Sígueme.
El loco de la playa y la roca olvidada
© Carlos Caraballo, 2018
Me llamas aspergiano
Me llamas aspergiano y no sabes mi verdadero nombre,
me juzgas, me desprecias, te afliges
por pensar que no comprendo el mundo,
esta estridente y homogénea baldosa llena de imperfecciones.
Me llamas aspergiano, enjuiciador prepotente,
porque me muevo con diferente estilo,
y en mi estilo soy, me defino
frente a presencias que pasan sin rozarme.
Me da igual que te alteren mis rituales,
mi empeño por aferrarme a un ritmo conocido.
Solo giro, giro, giro sobre lo mismo,
tocando esa melodía maldita que no comprendes
porque crees que todo lo que hago es demasiado raro
y porque te molesta que no te mire a los ojos.
¿Quién se repite?
Tú
que avanzas por la vida como un zombi,
con los ojos inyectados en sangre y las pupilas
obsesionadas con unas manecillas de reloj,
Me sigues llamando aspergiano,
mientras cada uno de tus días es ceremonia del anterior.
Me llaman aspergiano,
los mismos comentarios,
me llaman aspergiano,
las mismas acciones,
me llaman aspergiano,
los mismos lugares,
me llaman aspergiano,
los mismos chistes vacíos
sin lógica para mí.
Digamos que soy aspergiano…
Tengo manías, lo admito.
¿Y quién no las tiene?
Ya quisieras tú bailar en la vida de puntillas,
como las hojas de otoño,
torpe y gris máquina perfecta,
atrapada en esta jungla de árboles de cristal.
Yo para ti soy un trastornado,
un caso aislado, un hablar monótono, un ser extraño, un espectro dentro del espectro.
Aspergiano.
Así me llamas y no sabes mi verdadero nombre,
pero tú avanzas por la vida como un zombi con los ojos inyectados en sangre,
tan triste,
devorándote a ti mismo,
rey de lo individual.
El loco de la playa y la roca olvidada
© Carlos Caraballo, 2018